La
Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas fue una confederación constitucional
de estados socialistas, basada en la ideología comunista, que existió en
Eurasia a partir de 1922, hasta su disolución en 1991.
A
finales de los años 1980, las repúblicas que componían la Unión Soviética
incorporaron legalmente movimientos hacia la declaración de soberanía sobre sus
territorios, citando el Artículo 72 de la Constitución de la URSS, que indicaba
que cualquier república integrante de la Unión Soviética era libre de
separarse.El 7 de abril de 1990 fue aprobada una ley en virtud de la cual una
república podía salirse de la unión si más de dos terceras partes de los
residentes de la república votaban a favor de ello en un referéndum. Muchas
repúblicas soviéticas liberalizaron primero las elecciones de la era soviética
a fin de crear sus propias legislaciones nacionales hacia 1990.
El
impacto de la desintegración de la URSS influyó mucho en diferentes ámbitos a
nivel mundial.
Creo que a nivel político el hecho más importante fue
el de que a raíz de esto se originaron 15 nuevas repúblicas: Armenia,
Azerbayan, Bielorusia, Estonia, Georgia, Kazajstan, Kirguistan, Letonia,
Lituania, Moldavia, Rusia, Tayikistan, Turmekistan, Ucrania y Uzbekistan. Estas
tuvieron grandes consecuencias como nuevos tratados, alianzas con países
occidentales y una independencia tanto política, como económica y social.
Dentro de Rusia, la ley permitió la propiedad privada
de negocios, industria y sectores del comercio exterior. Claramente esto
también tuvo consecuencias mundiales, ya que ahora se permitía la inversión
extranjera y el desarrollo económico para la mayor parte de las nuevas
repúblicas.
Se redujo el interés de las nuevas repúblicas por los
países socialistas del Tercer Mundo, y se inició una inclinación por los países
occidentales y por la democracia a la cual les costó mucho adaptarse. Lo cual
causó incluso serios problemas sociales tales como el aumento del alcoholismo,
tabaquismo, drogadicción, prostitución, etc.
En conclusión, las consecuancias de la separación de la
Urss: Nacio el Neoliberlismo, el capitalismo se convierte en la unica forma
viable de vida en el mundo con Estados Unidos dirigiendo toda la economia
mundial, en Rusia el gran ´boom´ del crimen organizado, una trata de personas
inmensa, venta de organos, y actualmente hay muchos multimillonarios en Rusia
por negocios turbios, y sobre todo, se perdió a la unica potencia que le hacia
frente a los Estados Unidos.
Durante el siglo XX, la población chilena tuvo un
fuerte crecimiento en comparación al siglo anterior, pasando de 3.231.022
habitantes en 1907 a 15.116.435 en el año 2002. Los cambios demográficos
influyeron profundamente en la estructura social chilena, y fueron acompañados
por un acelerado proceso de urbanización y redistribución territorial, que
transformó a una sociedad de marcado carácter rural en una predominantemente
urbana.
Cambios
demográficos
En la primera mitad del siglo XX el ritmo de incremento
de la población chilena fue lento, pero siempre en ascenso. A pesar de que las
tasas de natalidad se mantenían en niveles relativamente altos, las tasas de
mortalidad continuaron siendo elevadas, particularmente en los niños menores de
5 años.
Aunque desde las primeras décadas del siglo se realizó
un importante esfuerzo en materia de higiene y sanidad, recién en la década de
1940 se inició una etapa de expansión y consolidación del sistema público de
salud, el que comenzó a tener efectos en labaja de las tasas de mortalidad
infantil. Esto contribuyó a aumentar el ritmo de crecimiento de la población,
que pasó de un 1,4 por ciento en el decenio 1920-1930 a 2,7 por ciento en el
decenio 1950-1960. Este fenómeno, conocido como el "boom
demográfico", alcanzó su máxima expresión en la década de 1960, para luego
decaer en las décadas siguientes.
Desde mediados de la década de 1960 se produjo una
importante transformación sociodemográfica, caracterizada por la reducción del
número de hijos por mujer. La extensión de los niveles de escolaridad, la
acelerada urbanización, los cambios en la estructura productiva y la creciente
integración de la mujer al mundo laboral trajeron consigo un descenso de la
tasa de fecundidad, fenómeno al que también contribuyeron la aparición de
nuevos métodos anticonceptivos y la difusión de éstos a través de programas
públicos de salud. La baja en la tasa de fecundidad y el sostenido descenso de
la mortalidad atenuaron el ritmo de crecimiento de la población y transformaron
la estructura etaria de la población.
A mediados de la década de 1980 la población chilena
tenía una estructura caracterizada por un alto porcentaje de niños y
adolescentes, aunque éste ya había comenzado a disminuir en relación a las
décadas anteriores. A partir de entonces, el país entró en una etapa avanzada
de la transición demográfica, caracterizada por un paulatino envejecimiento de
la población. La proporción de adultos mayores de 60 años ha aumentado a un
ritmo mucho mayor al resto de la población total, llegando al 11,3 por ciento
en el censo del 2002, porcentaje que se seguirá incrementando en los años
siguientes. Ello trae consigo fuertes repercusiones en la estructura familiar y
social del país, y constituye un enorme desafío para los sistemas de seguridad
social, tanto en el ámbito de la salud como en el de la previsión.
Con el avance de la transición demográfica se han ido
generando nuevos problemas, como la alta tasa de embarazo adolescente. Este
fenómeno es un reflejo de los altos niveles de desigualdad social que
caracterizan a la sociedad chilena, así como las debilidades de los programas
de educación y de salud sexual y reproductiva. Asimismo, hay sectores como los
grupos indígenas que mantienen tasas de fecundidad mucho mayores al promedio de
la población chilena, asociadas a altos índices de pobreza y marginalidad.
Siglo
XX
El siglo XX se inició en el año 1901 y terminó en el
año 2000. No obstante, es frecuente la concepción errónea de que el siglo XX
empezó en 1900 y finalizó en 1999. Fue el último siglo del II milenio. Se
caracterizó por los avances de la tecnología; medicina y ciencia en general;
fin de la esclavitud en los llamados países desarrollados; liberación de la
mujer en la mayor parte de los países; pero también por crisis y despotismos
humanos en forma de regímenes totalitarios, que causaron efectos tales como las
Guerras Mundiales; el genocidio y el etnocidio, las políticas de exclusión
social y la generalización del desempleo y de la pobreza. Como consecuencia, se
profundizaron las desigualdades en cuanto al desarrollo social, económico y
tecnológico y en cuanto a la distribución de la riqueza entre los países, y las
grandes diferencias en la calidad de vida de los habitantes de las distintas
regiones del mundo. En los últimos años del siglo, especialmente a partir de
1989-1991 con el derrumbe de los regímenes colectivistas de Europa, comenzó el
fenómeno llamado globalización o mundialización.
Al hacer balance de esta centuria, Walter Isaacson,
director gerente de la revista Time declaró: “Ha sido uno de los siglos más
sorprendentes: inspirador, espantoso a veces, fascinante siempre”. Según Gro
Harlem Brundtland, ex primera ministra de Noruega, también ha recibido la
denominación de “siglo de los extremismos, [...] en el que los vicios humanos
han alcanzado niveles abismales”. En su opinión, se trata de “un siglo de grandes
progresos [y, en algunos lugares,] crecimiento económico sin precedentes”, si
bien las zonas urbanas míseras afrontaron un lúgubre panorama de “hacinamiento
y enfermedades generalizadas vinculadas a la pobreza y al ambiente insalubre”.
En los albores del siglo XX, la dinastía manchú de
China, el Imperio otomano y varios imperios europeos controlaban gran parte del
mundo. Tan solo el Imperio británico dominaba una cuarta parte del planeta y de
sus habitantes. Mucho antes de finalizar el siglo, tales imperios habían
quedado relegados a los libros de historia. “Para 1945 —indica The Times Atlas
of the 20th Century— había terminado la era del imperialismo.” Al final del
siglo, tras la disolución de la Unión Soviética, el primer y mayor estado
socialista, los Estados Unidos de América quedaron como única superpotencia
mundial.
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